Tumban 44 proyectos que aumentarían un 43% la energía solar en Baleares
Un estudio revela que es posible generar el 100% de la electricidad con renovables, pero solo se llega al 1,4%
Hace dos años el Govern contrató un estudio sobre el potencial de generación renovable de Balears que costó 197.200 euros y nunca salió a la luz. En el trabajo se detalla que las islas atesoran recursos naturales suficientes para obtener el 100% de su energía de forma limpia. Y eso no es más que la constatación de un fracaso: Balears hoy por hoy solo saca el 1,4% de su electricidad de fuentes renovables. Así que no parece que el 100% sea posible. No en esta década. No en la siguiente. Y está por ver si en este siglo. ¿Por qué? Porque las islas se han quedado arrinconadas en un proceso de adjudicación subvencionada de potencia solar al que llegaron tarde. Muy tarde. Tan tarde que Madrid ha tumbado un total de 44 proyectos que probablemente ya nunca verán la luz.
Ni la generarán, que es lo que importa: las instalaciones frustradas iban a aportar a unas islas con solo 56 megavatios (MW) de capacidad fotovoltaica otros 22 megavatios, incremento del 43% que acercaría a la comunidad al ahora ya inalcanzable objetivo de obtener el 20% de su energía de renovables, como impone la Unión Europea. «Eso ya va a ser imposible aquí. Han matado la energía solar en Balears», sintetiza Fausto Oviedo, un empresario enamorado de las renovables que se ha pasado diez años peleando en todos los frentes y contra todos los obstáculos, pero ahora siente que la lucha ha terminado: la guerra está perdida.
«En los años en que España ha logrado producir el 40% de la electricidad con energías renovables, Balears no solo no ha reducido su dependencia de la importación de combustibles fósiles sino que la ha reforzado, y además ha perdido la subvención del coste extrapeninsular por generación eléctrica, lo que supone que los ciudadanos de las islas pagaremos más que cualquier otro por una electricidad sujeta al alza constante de precios, especialmente del gas, sin mejorar nuestra seguridad de suministro ni reducir emisiones de carbono. Vamos en dirección contraria de toda Europa, que ha anunciado una tasa de 20 euros por toneladas de CO2 emitida», resume Oviedo, que introduce en un solo párrafo pronunciado sin respirar todas las claves de un conflicto tan técnico y enrevesado que exige más de una explicación.
La clave del embrollo se esconde en el proceso de adjudicación de licencias para producir energía solar. De gestionarlo se encarga el Ministerio de Industria de Miguel Sebastián, el político más repudiado por el sector de la generación solar, al que el economista ha castigado con cuatro cambios de las reglas del juego en pleno partido. El despropósito empezó en 2008, cuando trasladó a España un modelo de desarrollo solar calcado al de un país sin sol, Alemania: primer error del ministro. Su planteamiento se basaba en ofrecer una prima muy generosa por cada kilovatio de producción solar: 45 suculentos céntimos de euro, suma apropiada para vencer resistencias en la brumosa Alemania, pero que en la España del sol y las sombrillas casi triplica el coste real de generación solar.
Tiburones a la carrera
Que la prima era generosa en extremo quedó pronto claro. El cebo era tan jugoso que no hubo tiburón que no lo oliera. Y así un reparto de bonificaciones pensado para que España contase en poco tiempo con 350 megavatios de generación solar ha acabado con 3.500 megavatios instalados: diez veces más. «Atraídos por la prima de 45 céntimos llegaron muchísimos inversores [18.000 millones en 2008], algunos con proyectos especulativos: veían en esa prima una inversión más rentable que cualquier producto financiero», aclara otro empresario de referencia, Rafael Puigcercòs, que representa en Balears a la Asociación de la Industria Fotovoltaica.
Y para que los emprendedores de la industria solar y los tiburones de los negocios que pujaban por la prima no devoraran hasta el último euro del Ministerio, el ministro Sebastián sacó la tijera y empezó a recortar con el muy falible sistema de prueba-error. Antes de reducir la prima en dos ocasiones a golpe de decreto retroactivo, el ministro que más ha subido el precio de la luz en la historia de España anunció que solo dispondrían de la bonificación de 45 céntimos los que presentasen sus proyectos antes del 28 de septiembre de 2008: segundo error de bulto de Sebastián. Quedaban meses para la fecha y, al grito de «tonto el último», comenzó una carrera en la que muchas comunidades doparon sus proyectos con irregularidades con las que alcanzar antes la meta. Y Balears llegó la última.
Balears pierde por ser legal
¿Por qué? Depende de quien conteste, aunque entre los productores hay cierto consenso: los responsables de dar las licencias en Balears se movieron con más lentitud. Y fueron más legales. «El cambio de Govern fue en 2007, con la carrera lanzada, y en la transición del PP al Pacto de Progrés hubo dudas y miedo a la avalancha de proyectos solares, así que la cosa fue lenta», resume Puigcercòs. Lo dice más contundente Oviedo, poco amigo de las explicaciones tibias: «Faltó liderazgo político. Y luego está la parte de las irregularidades flagrantes en otras comunidades».
Se refiere Oviedo a las falsificaciones de expedientes y licencias en otras comunidades. Como no llegaban a tiempo de meter su proyecto para captar la prima de 45 céntimos o, al menos, la de 25 céntimos a la que la redujo el ministro en su primer tijeretazo, falsearon las fechas de entrada de los documentos, como constató la Comisión Nacional de la Energía. Y por ahí se acabó de desangrar hace unos días la fotovoltaica balear, que en el último reparto de licencias se vio desplazada por adjudicaciones en Lugo de 22 MW que investiga la Justicia: no estaban en la lista inicial de solicitudes, pero sorprendentemente aparecieron en las últimas versiones del listado, en el que irrumpieron por delante de los proyectos baleares.
Galicia jugó más fuerte. Demasiado. Sucio, según los productores baleares, que explican que Galicia se saltó la ley mientras el Ministerio miraba hacia otro lado: «Cuando protestamos nos dicen que vayamos a la Justicia. Y el Govern tampoco ha hecho gran cosa por defendernos». Lo niega el director general de Energía, Josep Maria Rigo, que asegura que han pedido «explicaciones» al Ministerio por las irregularidades de Lugo, que dejan fuera proyectos baleares que aportarían un 35% más de energía limpia.
Aunque no ha habido mucho éxito en la gestión: «No han contestado», confiesa Rigo, consciente de que Balears está al borde del KO fotovoltaico: los proyectos que Madrid ha dejado fuera entrarán en la próxima convocatoria, pero con una bonificación tan ridícula que los productores aseguran que renunciarán a seguir adelante. «Con 13 céntimos de bonificación no da». Y a la isla del verano se le apaga el sol pese al esfuerzo realizado. Porque para llegar hasta aquí, los productores han tenido que arriesgar millones en arrendamientos, placas solares y avales. Que esa es otra: para obtener licencia hay que avalar medio millón de euros por megavatio. Para un proyecto en Balears, donde no se hacen por reglamento exclusivo campos de más de 3 megavatios (en la Península los hay de 50), eso supone tener 1,5 millones inmovilizados tres años para ahora encontrarse con que la inversión no es rentable: cuarta jugarreta del ministro.
Aunque no la última. Para redondear la broma, Sebastián ha capado la bonificación aún más, al reducir un 30% las horas en las que pagará la tarifa con la subvención. ¿Resultado? Los proyectos ahora tumbados se aprobarán este trimestre, cuando ya dará igual. «La inversión es alta y sin apoyo público no te metes», recalca Oviedo. Coincide con el director de Energía, que augura un parón hasta que los costes bajen como para hacer rentables las inversiones sin necesidad de primas. Y pararte cuando vas último es una condena a vivir en el pasado.
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