El Gobierno central, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona unieron ayer sus energías para intentar vender la capital catalana como la mejor sede del llamado Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo. El ministro Miguel Ángel Moratinos, el president José Montilla y el alcalde Jordi Hereu mostraron a embajadores y cónsules de los países de la región euromediterránea el palacio de Pedralbes, el edificio que Barcelona ofrece para acoger el futuro secretariado de la organización.
Los ministros de Exteriores de la Unión Europea y de una veintena de países del sur del Mediterráneo se reunirán los próximos 3 y 4 de noviembre en Marsella para decidir, por consenso, dónde se abre ese secretariado, que se encargará de gestionar los seis proyectos que los gobiernos implicados se comprometieron a poner en marcha a corto plazo. Esos planes van desde el desarrollo de una red de energía solar hasta la creación de una universidad euromediterránea, además de proyectos para descontaminar el mar (y proteger el turismo) y para ayudar a las pequeñas y medianas empresas.
BILATERALES
La diplomacia española lleva ya dos meses en campaña, desde que, en julio, José Luis Rodríguez Zapatero presentara la candidatura de manera oficial en París. Los secretarios de Estado de Asuntos Exteriores, Ángel Lossada; el de Asuntos Europeos, Diego López Garrido, y el embajador para Asuntos del Mediterráneo, José Riera, sacan la bandera barcelonesa en cada reunión bilateral que celebran. Pocos gobiernos se atreven a comprometer su palabra. "Hay un eco general, una actitud general muy positiva", dice siempre Moratinos cuando se le pregunta, y ayer lo volvió a repetir. "Barcelona está en muy buena posición", añadió. España tiene oficialmente un solo rival: Malta. Oficiosamente, varios más: Francia, Túnez, Marruecos, Jordania, Egipto y Bélgica, con la sempiterna Bruselas.
Malta es una seria competidora. Juega con la ventaja de que los 12 nuevos países de la Unión Europea apuestan porque cualquier nueva institución, agencia u organismo se asiente en los nuevos territorios. Sus principales desventajas son la ausencia de las infraestructuras adecuadas y la mala comunicación con el resto de capitales.
Barcelona tiene todo eso y más, según Hereu. "Cuenta con una situación geoestratégica privilegiada, comunicaciones de primer nivel y una experiencia fructífera en gestión de eventos internacionales", dijo el alcalde a una cincuentena de representantes diplomáticos de toda la eurorregión. "Pocas ciudades en el mundo tienen la oportunidad de contar con tantos activos", afirmó.
EL EMBRIÓN, EN 1995
Montilla resaltó el apoyo institucional y de la sociedad civil a la candidatura de Barcelona, una ciudad que, dijo, "ha mirado siempre de forma natural hacia el Mediterráneo". Así, el Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo nació en la ciudad catalana en 1995, en una conferencia que se marcó la casi utópica misión de juntar en una misma organización a todos los países del Mediterráneo, palestinos e israelís incluidos.
El conflicto de Oriente Próximo ha supuesto un lastre para la organización, que ha resurgido de sus cenizas gracias al empujón que el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, le dio el 13 de julio con una cumbre en París donde consiguió reunir a los líderes de esos dos pueblos enfrentados. Pero poco más se ha hecho desde aquel día de verano. Había tres reuniones de altos funcionarios previstas para septiembre y octubre que se han anulado por diferencias en la interpretación de la declaración de París que, evidentemente, fue firmada aquel día por todos y cada uno de los gobiernos.
La próxima etapa es la cumbre de noviembre de Marsella. Allí se verá si las querellas históricas entre la veintena de países del sur siguen frenando el proceso.
CANDIDATURA DEL SUR
Además de a Malta y el apoyo que pueda lograr entre los nuevos socios europeos, la diplomacia española teme también que los gobiernos de la ribera sur consigan ponerse, por una vez, de acuerdo y presenten una candidatura de consenso. Si ese milagro ocurriera, las posibilidades de Barcelona serían nulas.
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