Los españoles nos hemos acostumbrado a ver los campos salpicados de molinos de viento, para producir energía.
Hay a quien le parecen monstruosas construcciones metálicas que quiebran el horizonte; hay quien opina que son la más esbelta imagen en homenaje a 'El Quijote'.
En breve veremos, al borde de la carretera, fincas que antes fueron de centeno, cebada o simplemente eriales, cubiertas de negro-azulados paneles solares. Habrá quien los compare a un ejército de cucarachas y habrá a quien le parezcan una brillante representación de un mundo más limpio. Pero lo seguro es que debemos acostumbrarnos también. Son instrumentos para luchar contra el calentamiento global. Y una de las energías, se espera, del futuro.
Su despegue definitivo tiene una fecha, un decreto de marzo de 2004. Ese año y ese mes el Gobierno decidió que la electricidad producida por instalaciones fotovoltáicas de menos de 100kw debería ser comprada obligatoriamente por la compañías eléctricas a un precio de 5,75 veces la tarifa media de la electricidad. Y eso, durante 25 años.
Entonces, los inversores (y algún especulador, como se verá) se convencieron de que la luz del sol es realmente dorada y puede proporcionar muy buenos beneficios convertida en energía. Sólo así se explica que las peticiones de autorización para instalar los llamados 'huertos solares' supongan, hoy, más que toda la producción mundial de placas. Son más de 2.000 megawatios por hora; o sea, más de 20.000 huertos solares; o, lo que es lo mismo, más de diez mil hectáreas de terreno.
Si el precio de la electricidad es de 0,44 céntimos de euro el kilowatio, la producida en un huerto solar se pagará a 2,53 euros.
Por supuesto, esa diferencia no corre a cargo de las compañías eléctricas sino que se repercute al consumidor, dentro del porcentaje de incremento de la tarifa destinado a promocionar las energías renovables.
TODO A CIEN (MEGAWATIOS)
El desarrollo de los 'huertos solares' ha tenido tradicionalmente un freno: la demanda de paneles solares es superior a la oferta. Una situación idónea tanto para los fabricantes como para los importadores, que pueden hacerlo 'bajo pedido'.
No importa ser un recién llegado al mercado español si tienes el producto, como le pasa a 'Sky Global Solar S.A.', 'los chinos', en el argot del sector.
Javier Anta, presidente de la Asociacion de la Industria Fotovoltáica (ASIF) dice gráficamente que 'los chinos van como un cohete'. La empresa está vinculada a la estatal Shanghai Electric, que produce células de silicio, el elemento básico de las placas solares, y placas también.
Ellos solos tienen previsto vender en 2007 placas solares por una capacidad de 100 megawatios. De ellas, un 15% destinadas a montar sus propios parques fotovoltáicos, según Fernando Muniesa, consejero de esta empresa. Nadie duda de que cumplirán sus objetivos.
Como todas las empresas, garantizan una producción de sus placas del 90% durante diez años y el 85% en los restantes hasta 25. Para los chinos, esta entrada en el mercado español con un producto de nueva tecnología tiene especial interés. Se trata de romper la imagen de mercancías orientadas a las ventas en el 'todo a cien'.
ESPECULADORES: COMO MOSCAS A UN PANEL
Pese a todo, el freno de la escasez de placas solares, en relación a la demanda, se va resolviendo poco a poco, según Javier Anta.
El auténtico cuello de botella, ahora, es la capacidad de las líneas de las compañías eléctricas. Las líneas a las que el 'huerto solar' evacúa su electricidad tienen una capacidad limitada. Si se satura, la eléctrica no está obligada a comprar más.
Por eso, muchísimas peticiones se quedarán en el camino. En este panorama, aparecen los especuladores que han pasado todos los trámites.
Tener el permiso de una eléctrica es un triunfo para quien quiera comerciar con él. Tener, además, los otros permisos que hay que lograr para instalar un 'huerto solar' (Ayuntamiento, Consejería de Medio Ambiente y, finalmente, Industria) se convierte en un repóquer.
No se sabe si en algún momento pensaron en explotar de verdad un parque, pero en la actualidad se dirigen, por ejemplo, a los fabricantes de placas solares para ofrecerles una autorización para instalar un megawatio por un millón de euros: 'Vosotros tenéis las placas; nosotros, la autorización. Un millón de euros y es vuestra', cuenta Fernando Muniesa.
JUBILARSE AL SOL: Aunque el nombre de 'huerto solar' (creación de Acciona Solar, que incluso lo tiene registrado) evoque un agricultor instalando en su finca, donde antes plantaba nabos, unos paneles solares que complementarán sus ingresos, la realidad dibuja más bien a inversores de grandes ciudades que han decidido abrirse un plan de pensiones peculiar invirtiendo su dinero en una actividad de rendimientos muy seguros.
De hecho, muchas de las compañías que se dedican a promover 'huertos solares' buscan inversores publicitándolos como una modalidad de plan de pensiones. Una inversión más segura que la mayoría y con una rentabilidad en torno al 8% anual.
Crear un huerto solar aislado, con una capacidad de 100kw hora, es poco rentable. El beneficio se irá en gastos de mantenimiento y seguridad (paneles solares en medio del campo, sin vigilancia, son un objetivo muy goloso para un robo).
Por eso, lo que el inversor compra es una participación de un gran parque promovido frecuentemente por una gran empresa, como Acciona Solar o Iberdrola.
Pasa a ser propietario de una parte que no sobrepasa los 100kw hora, límite que garantiza cobrar la prima máxima, de 5,75 veces el precio de la electricidad.
El inversor sólo tiene que poner el dinero. En torno a 20 millones de pesetas de inversión directa para el 'huerto' de 100 kw hora. El resto, ochenta millones, es crédito bancario. La empresa se encarga de todo, desde los trámites iniciales hasta la gestión del negocio. El inversor puede, si lo desea, no ver siquiera su 'huerto solar'. Limitarse a cobrar su rendimiento, que en la actualidad se calcula en torno al ocho por ciento. Y disfrutar del sol.