| |
Accidentes nucleares, residuos radiactivos, cambio climático, lluvia ácida, mareas negras...., son las consecuencias del uso de las energías sucias: la energía nuclear y los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas).
Los impactos medioambientales de la utilización de la energía nuclear (accidentes nucleares, generación de residuos radiactivos, emisión rutinaria al medio ambiente de efluentes radiactivos líquidos y gaseososos...) y de los combustibles fósiles (cambio climático, vertidos de petróleo, lluvia ácida, contaminación atmosférica...) tienen un enorme coste socioeconómico que al final es traspasado íntegramente al conjunto de la sociedad. Es la sociedad (es decir, nosotros, como ciudadanos) la que finalmente se ocupa de pagar con su dinero (dinero público) los platos rotos por un modelo energético insostenible y además la que tiene que sufrir los impactos de ese deterioro medioambiental producido por unas fuentes energéticas sucias y peligrosas que en general rechaza.
Energía nuclear
Los hechos han demostrado insistentemente que la energía nuclear es uno de los errores tecnológicos, medioambientales, económicos y sociales más graves de nuestro tiempo.
Su peligrosidad (que está demostrada inequívocamente: no haría ni siquiera mencionar nombres como Chernóbil, Harrisburg, Vandellós-I, Tokaimura..., ni enumerar los numerosos incidentes que se van sucediendo en nuestra geografía y a los que se trata de quitar importancia), sus residuos radiactivos, su impacto radiológico, su fracaso económico, su íntima relación con los usos militares y hasta su tremenda impopularidad son, entre otros, las razones que nos llevan a esta aseveración.
La mera existencia de los residuos radiactivos demuestra palpablemente el rotundo fracaso de la energía nuclear así como la incapacidad de la industria nuclear que, desde sus inicios, ha generado irresponsablemente enormes cantidades de peligrosos residuos radiactivos sin saber que hacer con ellos.
Termica y fosiles
El calentamiento global del planeta por el efecto invernadero ha sido calificado como la mayor amenaza que afronta la vida en la tierra.
Nuestro planeta está sufriendo un proceso acelerado de calentamiento global, debido a la acumulación en la atmósfera de una serie de gases que, procedentes de actividades humanas, retienen el calor que recibimos del sol, actuando como un abrigo o un invernadero.
El principal responsable del incremento del efecto invernadero es el CO2 (dióxido de carbono), que se produce fundamentalmente en la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) para obtener energía.
La principal fuente de CO2 en España son las centrales térmicas. Por tanto el clima y todo su ecosistema se halla amenazado por las CENTRALES TERMICAS, que vomitan continuamente CO2 a la atmósfera, mientras como subproducto producen electricidad.
De manera que para reducir las emisiones de CO2 (y hay que hacerlo con urgencia, de acuerdo con los científicos del IPCC, si queremos detener el calentamiento global del planeta) no es posible aplicar filtros, ni sirve de gran cosa mejorar el proceso de combustión, ni basta cambiar un combustible fósil por otro. La única solución es quemar menos cantidad de combustibles fósiles, es decir producir menos energía e ir sustituyendo estos combustibles por fuentes de energía limpia: las energías renovables.
|